KOMAGATA, La mar de papel

Felizmente nuestro Querido Katsumi Komagata regresó como había prometido, esta vez acompañado de su mujer, Michiko. Gracias por volver, y procuraremos que os sintáis tan a gusto que queráis regresar siempre a La Querida.

En esta ocasión, de la tradución del taller del inglés al español se hizo cargo nuestro Querido Alberto de Paz. Gracias siempre.

De presentar a Komagata y su trabajo se encargó Raúl Vacas, que con tres haikus escritos a partir de tres de los libros de Komagata, una cámara Polaroid y mucho corazón hizo una presentación preciosa:
1 (Tears)
pasa las hojas,
en el ojo del perro
crece una lágrima

2 (Blue to Blue)
un surtidor
anuncia el aletazo
de la ballena

3 (A Cloud)
el día es gris,
en la página en blanco
la nube quieta

En esta ocasión, Komagata llegó  con dos nuevos talleres en su maleta, "All in One" y  "Front and Back". 

El primero de ellos, ALL IN ONE, consistía en coger un papel base del color que quisiéramos y dos cartulinas, idénticas de color, con las que tendríamos que construir una historia, pero sin desperdiciar ni un sólo cachito de papel. 
El segundo taller, FRONT AND BACK, había que hacerlo entre dos, partiendo de un orificio que formaba parte de las cartulinas de ambos talleristas y de sus imágenes respectivas, tratando  de dar dos visiones diferentes y complementarias de un mismo tema. 
Para animarnos, dice siempre Komagata, aunque sospechamos que más bien es para meternos presión, nos enseñó trabajos de sus talleristas más pequeños. Trabajos maravillosos que, al haber sido hechos por gente menuda, nos metían mucho miedo en el cuerpo. 
Una vez explicado en qué consistían y metida la presión necesaria, nos invitó a escoger el papel que queríamos y después...  ¡Venga, a trabajar tocan! 
 

Queridos, dijo de repente Komagata, quiero que presentéis vuestros trabajos. 
Y en ese momento los niños soplaron y soplaron y soplaron por la ventana de papel y comenzaron a producirse cosas muy extrañas en La Querida...

Todo comenzó con un inmenso torbellino de papel y un vendaval que nos lanzó de acá para allá hasta que Pilar Romero nos cobijó en el interior del vientre de una mujer preñada...

"Sí, sí, el suelo comenzó a girar en torbellino y a elevarse, pero era divertido porque me recordaba a un día de sol en la feria del pueblo, con su noria y sus cohetes y sus coches chocones y su popi-popi-popi, dijo Paz Hernández, que estaba muy contenta porque aún le quedaban dos fichas en el bolso de su precioso pantalón...

María José Rojas dijo "¡Seguidme!, que me he hecho con una nave de la feria, un muelle y ya sé cómo volar como un pez que vuela!" 
Y todas las personas que estábamos allí no tuvimos duda en seguirla, porque llevaba bajo el brazo un ejemplar de los estudios de Anníbal Gobelet sobre el buque submarino...

Tan feliz con la idea de viajar por fin en una nave espacial, Alberto, no se sabe si por Niño o por Cactus, convocó a las estrellas del universo y se colgó de ellas con una amiga, sin tener en cuenta que las estrellas siempre son muy suyas, y aquello provocó una inmensa explosión...

Y Maite Cavero y Eva Casaseca, que les gusta mucho el jolgorio y la música, sacaron la guitarra y se pusieron a tocar, bailar y cantar "Anda jaleo jaleo, ya se acabó el alboroto y ahoraem-pie-zael-tiroteo, y ahoraem-pie-zael-tiroteo..." y no había quien las hiciera parar y todo temblaba...

Diana Sanchís, que lo vio todo, asegura que, cuando todo comenzó a temblar, el volcán sagrado lanzó su rugido y el aire se encendió de amarillo y fuegos artificiales...
 

¿Rugido dices?, lo que rugió fue un tigre que trepó a nuestra mesa, dijeron Raúl de Tapia y Vicente Río a la vez, y después de darnos un tremendo susto se hizo el gato de Cheshire y nos dejó allí sus ojos y un montón de gotas de lluvia...

Paqui Sánchez  barruntaba que algo extraño sucedía, cuando presenció cómo las flores que tenía en sus manos convocaban una reunión urgente para organizarse ante lo que está por llegar...

¿Floreees?, le dijeron Rosa de la Nava y Alberto Niño Cáctus, aléjate de las flores y corre, que todas esconden un pequeño monstruo dentro...

¿Las flores, decís? ¡Y lo que no son las flores!, dijeron muy enfadados Mercedes Ballesteros y Fernando Saldaña, mirad estas hermosas manzanas y tomates de nuestro huerto que están diciendo "Cómeme", ¿apetecibles, verdad?, pues comidicas de gusanos, una pena, una verdadera pena...

 Bueno, una pena, una penaaa..., depende de por dónde lo mires, dijeron Manuela Romero y Paz Hernández. Sí, los gusanos devoran todo a su paso, pero hay que ver qué hermosos se crían después, que hay que ver qué alas, qué elegancia, qué polvo de hadas, qué espiritrompa...

Licy Guerra, que le gusta comprender las cosas desde su raíz, caminó hasta donde crecen los árboles y allí se plantó junto ellos para hacer el saludo al sol...

Y Fernando Malmierca, que la observaba escondido tras de un árbol, contó que otra persona llegó para plantarse junto a Licy en el bosque, y mientras nos lo contaba subió y bajó varias veces sus cejas como si fuera Groucho Marx...

Maite Cavero, a quien el temblor pescó navegando mientras intentaba tomarse un vermú con aceituna, echó el ancla y bajó en su batiscafo para observar el fondo del mar y saber por qué se le había ido todo el vermú, con aceituna incluida, por la borda, y abajo se encontró con Manuela, que había tenido la misma idea de rebuscar síntomas en el fondo marino...

 Manuela Romero le contó que acababa de ver a las medusas ponerse el casco y en actitud de vigilar el cielo, pero tranquila, añadió, porque son expertas en diseño industrial de naves y platillos volantes, malo ha de ser que, si esto se pone feo no podamos salir "pies p'al quiosquero"...

Hola, chicas, las saludó Pilar Romero, que iba muy elegante vestida de buza y pasaba en ese momento por el fondo del mar en busca de una concha y una esponja natural. Es un encargo que me ha hecho Montse Vega, les explicó, que está arriba en la piscina, quiere darse un baño y para mí que piensa hacerse un Nacimiento de Venus...

Y también aparecieron por allí Diana Sanchís y Rufi Velázquez (válgame el cielo el tráfico de domingueras que había hoy en el fondo del mar), y nos hicieron una demostración práctica de que todo estaba en orden: el cielo arriba sin ningún atisbo de quererse desplomar, los barcos con calma chicha y los peces como pez en el agua...

Pero vamos a ver, tranquilidad, amigas, dijo Javier Peña, que siempre nos quedará La Querida, con  leña en el hogar, así que malo ha de ser que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas. Y en ese momento llamaron dos veces a la puerta, pom pom, y nos asustamos un poco, pero era una vecina que venía a pedir sal...

Pues es que me acabo de mudar y soy tu vecina, dijo Clara Lurueña. Me he hecho esta casita al pie de la montaña con algo muy importante: ¡la chimenea! pero, ¡ay!, olvidé la sal.
¡Y muy importante también la ventana, que la ventana es importante para ver llegar lo que tenga que llegar!, añadió Marina Peña, su hija,  y aplaudía mucho, como si lo que tuviera que llegar fuera una bonita sorpresa...

Julieta Peña también intuyó que nada malo llegaría, porque dijo que ella y su caballo hablaron largo y tendido de ello con un monstruo sin inquietarse lo más mínimo mientras unas lunas extrañas se empeñaban en seguirles muy de cerca, y todo eso nos lo contaba tan tranquila...

 Montse Vega afirmó que, cuando soltó peces cautivos de colores en la laguna que hay junto a la casa, el agua se llenó de naranjas y el aire de azahar, pero en su opinión estábamos exagerando, porque eso sólo podía ser interpretado como un regalo de la naturaleza o, todo lo más, a la magia, lo que viene a ser lo mismo...

Sí, sí, exagerando, dijo Clara Lurueña, pues que sepas que mientras navegaba por altamar, el sol se plantó en el horizonte sin dejarme pasar, y a pesar de ser noche cerrada seguía empecinado en quedarse allí y teñirlo todo de amarillo ardiente, así que dejé el libro con el que me había quedado dormida leyendo, me vendé los ojos y me amarré al timón para no prenderme de los cantos del sol que llegaban por el aire...

Raúl de Tapia, armado de ciencia, lupa y paciencia, pidió calma y analizó una a una las olas del mar y cada uno de los rayos del sol, pero no encontró nada que justificara ese proceder del rey del firmamento, así que dictaminó: "Pues sí, creo que va a ser cosa de magia"...

 Rufi Velázquez, que tenía una superparabólica en el tejado de su casa, trató de sintonizar con otros mundos, aunque no estén en éste, pero no captó ni eco, ni charly, ni nada, que ni siquiera radiomaría se escuchaba allí...

 A la misma hora que el sol se puso farruco con Clara, Reyes Fonseca, que navegaba por la otra falda de la montaña que da a poniente,  contó que allí el aire de llenó de un rojo hermoso y distinto como cada tarde, y entonces le alcanzó la lluvia...

¿Pero cómo va a ser nada peligroso si esa misma lluvia es capaz de hacer en el estanque un atardecer tan bello?, dijo María Peña...

 ¿Y la bandada que vi pasar?, rivalizó Rocío Alcubierre, eso si fue una pura maravilla...

Vicente Río, que durante cuarenta días había sobrevolado en globo todos los mares de este mundo, coincidió con María y con Rocío en que la naturaleza terrestre es hermosísima, pero ¡ojo!, dijo, que también puede ser muy cruel...

Vaya que puede ser cruel, dímelo a mí, dijo Rosa de la Nava a punto de echarse a llorar, como que un vendaval se ha llevado por el aire todos los enseres de mi casa, que hasta el mismo edificio quería salir pitando como si tuviera patas...

Y en ese momento llegaron Leticia Ortega y Noelia Carioca. Y todo era llanto, hipidos y moco tendido, y sólo se les entendía algo así como que ¡Buaaah, que hemos visto las estrellas y eso duele muchoooo!

Pues fijaos en cambio lo que hemos encontrado nosotras en la era, ¡vaya suerte!, dijeron encantadísimas Luna de Tapia y María Peña: ¡nada menos que una Giraluna y un Girasol!, y aplaudían muy contentas y daban saltos de alegría y luego posaron para la foto...

Pues no os vais a creer lo que nos ha sucedido a nosotras, se atropellaban en el hablar Rocío Alcubierre y Reyes Fonseca, con el temblor caímos por el agujero que nos pidió hacer Komagata y llegamos a un oasis donde un señor muy amable de túnica y turbante nos invitó a beber agua del agujero, pero estaba tan fría que un esquimal sacaba una merluza congelada de ese mismo agujero, y menos mal que había una mujer asando castañas al pie de su iglú y pudimos calentarnos las manos con ellas...

Pues a nosotros el temblor nos pilló en la playa, dijo Fernando Saldaña, amaneció un día precioso, pero chico, luego empezaron a llover papelitos y más papelitos que pusieron toda la playa perdida y nos tuvimos que ir...

Vaya que cayeron papelitos, dijo Leticia Ortega, y toda la culpa es de un samurai y un comerciante que había a mi lado e iniciaron una batalla campal, que fijaos cómo baja el río...

¿Papeles como estos?, preguntó Marina Peña muy enfadada, ah, pues a ver si me va a tocar ahora a mí recogerlos, ¿eh?, que lo hagan el samurai y el comerciante por haberse peleado, pero a ver dónde demoños se han ido

Yo estaba al pie de una magnífica encina cuando empezó la batalla, aseguró Mercedes Ballester, y  la cosecha de bellotas ¡pof pof pof patapof!, se vino toda abajo y salió de entre sus ramas un pájaro enorme y se las comió...

Uy, dijo Isabel Castaño, pues para mí que ese pájaro come de todo y las bellotas las utiliza de guarnición, porque le he visto salir  volando con una enorme jaula en el pico y  alguien apresado dentro...

Pues nosotros estábamos haciendo el payaso y con el temblor se nos cayó la nariz, dijo José María Beneítez. ¡Toma!, exclamó Fernando Malmierca, y a mí todo lo que tenía entre el paréntesis

Pues yo en ocasiones veo caras, dijo Noelia Carioca poniendo una voz muy rara y cara de muy misteriosa mientras le daba la risa floja...

 Pues nosotras, en ocasiones, vemos una niña con lazo en el pelo que enciende una tele por la que ve un indio con plumas en el pelo que saca aros de una pipa mientras enciende una tele para ver a una niña que saca pompas de un pompero, dijeron atropelladamente Isabel y Gloria Castaño sin aclararse mucho con lo que querían decir...

Pues anda que yo..., yo oigo voces, dijo muy respondona Eva Lurueña, fíjate tú que una peña con voz de pato me ha hecho arrancar de una roca una varita mágica..., ah, y podéis llamarme Artura, añadió mirándonos como un poco chula...

Tranquilidad, que tras la tempestad siempre llegó la calma, dijo conciliadora Luna de Tapia, buena conocedora de los ciclos del universo. ¿Qué es lo peor que puede pasar?, ¿que se acerque un temporal de viento y torbellinos de nieve, que ahora vendrán por el este y ahora por el oeste?, bah, bah, bah, pues a tirarnos ladera abajo y bolazo va bolazo viene...

Y Jiã Vacas, que tenía que ir a casa de su abuelita a llevarle una tarta de chocolate porque ese día cumplía 100 años, y también había quedado con un hada para pedirle deseos, le dio a su padre una carta  en la que pedía "El muñeco que hace nieve" para que se la diera al hada, y se la dio, y el muñeco nevó y nevó y nevó durante cuarenta días y cuarenta noches porque cuarenta eran las puntas de la corona del hada...

Paqui Sánchez, Julieta Río y los ojos del león con lluvia fueron quienes convocaron al hada de la vara, y se morían de la risa viéndola conceder deseos a diestro y siniestro, porque a veces los deseos duraban cuarenta días y nos daba un hartazgo, y otras veces concedía cuarenta deseos a la vez y nos daba también un hartazgo

Pero para José María Beneítez, que sí que traía la lista de deseos escrita, no había hartazgo que valiera,  y comenzó a abrir ventanas de papel que había en su cartulina, y en cada hoja de las ventanas había escrito no uno ni dos ni tres, ni ocho, porque había sido muuuuy bueno este año y no paraba de pedir deseos, y el hada, por hartazgo y porque estaba deseando acabar la jornada de trabajo, acabó dejándole la vara de los deseos y a él por imposible...

Y así discurrieron los maravillosos dos talleres que hemos podido hacer en La Querida. Gracias a las imágenes enviadas por Miguel Núñez, Pilar Romero y Carmen Castaño. Gracias a todos los que acudisteis a nuestra llamada, porque por ello hemos podido traerlo. Gracias a la Librería Miguel Núñez por conseguir los preciados libros de Katsumi Komagata. Gracias a Alberto de Paz por la traducción del taller. Gracias a Raúl Vacas por poner tanto corazón y poesía en lo que hace. Gracias a Carmen la de Miliche por hacernos una paella de la de chuparse los dedos. Y gracias a Katsumi Komagata que quiso regresar con la belleza de su mar de papel, y esta vez acompañado de Michiko. Un abrazo enorme siempre y hasta el regreso.

No hay comentarios: