Plumario y Nidografías

Una arista, una cerda, un hilo, un copo
de lana ocasional, y mucha espina,
una honda suavidad de pluma fina
y un triple gajo de cimbreño chopo.

Y al declinar la vespertina hora,
en la puerta del tálamo sencillo,
dorándose de sol, el pajarillo
con gorjeo más suave se enamora.


("El nido", de Leopoldo Lugones)


Raúl de Tapia, ya desde niño, sentía fascinación por los nidos y siempre quiso aprender a construirlos observándolos. Para él, encontrar nidos en la naturaleza es encontrar tesoros y, con la emoción que caracteriza a los buenos maestros, nos habló de su redondez y esfericidad; de los nidos de los carpinteros y del tamaño de sus virutas, acordes al tamaño de su pico (pico menor, pico picapinos, pico real) y de cómo los pájaros saben dónde picar para no dañar al árbol, qué parte vasculariza al árbol y qué parte lo sustenta; de los varios nidos colgantes que construye el pájaro moscón para que la hembra escoja uno a su gusto;  de la maravilla de la pluma y de cómo las de vencejo, tan delicadas, se utilizaban para hacer las anotaciones al margen en las escrituras antiguas; de cómo preparar las plumas poniéndolas en remojo, calentándolas en arena fina y cortándolas luego en bisel para hacer la punta  con la que vamos a escribir; de la belleza de recuperar la escritura a mano:"del placer de dejar fluir la caligrafía vendrá la calma, la relajación y el bienestar", nos dijo..., y así la mesa del taller de La Querida se llenó de plumas de diferentes aves.

La pluma, aparentemente tan simple, esconde en su interior nervios, velo, barbas, barbillas, espinas, dos ombligos, el cálamo y la maravilla de la posibilidad del vuelo y de la escritura. Y nos pusimos a cortar en bisel  y afilar las plumas y los carrizos para conseguir el cálamo perfecto e impregnarlo en tinta negra, azul, parda o aprender a hacer una tinta 100% natural de agua destilada, vinagre y ceniza que Raúl de Tapia había recogido tras el incendio en junio en el Parque Natural de Doñana. Para conseguir tinta cobriza, cáscara de granada; para el tono morado, el fruto del saúco; para el negro, tinta de calamar; para el marrón, los posos de café...

Disfrutamos de las palabras y aprendimos qué significa y de dónde viene la palabra cálamo y algunas otras que va creando en su recorrido: calamar, primeramente conocido como "tintero"; calamero o caramelo, por la forma en que se fabricaban los primeros "pirulís"; calamidad, cuando una inundación arrasaba las plantaciones de carrizos, de donde se extraía el cálamo vegetal...

Y así transcurrió parte de la mañana, hasta que la lluvia amainó y salimos a buscar en el campo los materiales que cada uno necesitaba para construir su nido. Y anidamos y escribimos textos con plumas que habitaron nuestros nidos. Nidos metáforas de paciencia, seguridad, inicio, relación, protección, regreso al ombligo, renacer, cama, acogida, fortaleza, vacaciones, génesis, útero, geometría, biblioteca, identidad, presencia, ausencia, tiempo, secreto, familia, comienzo, búsqueda, contenido, refugio, trampolín, regreso...

Gracias, Raúl de Tapia, por esta maravilla de taller que nos has regalado (eres precioso cuando te vas por las ramas, y es una suerte que nos permitas acompañarte en este vuelo); gracias a  Mª José Larena y Pilar Romero, que hicieron esta crónica; gracias a Alberto Prieto, Clara Lurueña, María Riera, Pilar Romero por estas magníficas imágenes; gracias a Carmen la de Miliche por su magnífico cocido y a Beatriz por su ayuda; y gracias a todos los que nos habéis acompañado  en esta maravilla.